#Opinión // “La Antorcha Mundial”, el desprecio que se convirtió en profecía

Por: José Emilio Soto
Hay palabras que nacen con la intención de herir y terminan, con el paso del tiempo, convertidas en un extraño homenaje. Algo así ocurrió con aquel mote despectivo con el que un expresidente tabasqueño, cuyo nombre todos sabemos y que no quiero mencionar, bautizó al Movimiento Antorchista Nacional como “La Antorcha Mundial”.
Esta burla que buscaba minimizar, ridiculizar, reducir a caricatura el trabajo de una organización que, desde su trinchera, combatía la pobreza y defendía a los más desprotegidos de México, sin embargo, la historia tiene un sentido del humor particular: lo que se dijo con desprecio hoy se confirma con datos, con presencia internacional y con una firmeza que ningún insulto pudo doblegar.
Conviene que nos detengamos en la evidencia antes de caer en la trampa de una consigna vacía. El Movimiento Antorchista Nacional no solo ha trabajado en nuestro país; las actividades, las delegaciones y nuestros representantes han trascendido fronteras de manera documentada.
Por ejemplo, el economista Brasil Acosta, integrante de la Dirección Nacional, participó en la “Asamblea de los Pueblos del Mundo”, que se llevó a cabo en El Salvador, Brasil. En Nicaragua, una delegación encabezada por el vocero nacional Homero Aguirre asistió a los eventos conmemorativos del 45 Aniversario de la Revolución Sandinista.
Recientemente, en Argentina, 27 artistas de los Grupos Culturales Nacionales viajaron para participar en el Festival Internacional de Folklore “Argentina 2026”. Y apenas hace unos días, en Rusia, nuestro secretario general, el Ing. Aquiles Córdova Morán y otros representantes participaron en la Asamblea Pública Mundial en Moscú, con delegaciones de más de 150 países, firmándose además un acuerdo para que México sea sede de la edición 2027 de esa asamblea.
Estos no son datos menores, son la prueba tangible de que nuestra organización que agrupa a poco más de dos millones de mexicanos, no podía quedarse encerrada en las fronteras nacionales, la lógica misma de nuestro trabajo, que es la de organizar, educar y politizar al pueblo trabajador, nos conduce inevitablemente a tender puentes con otros pueblos, otras luchas y otras causas.
La internacionalización no fue un capricho ni una pose; fue una consecuencia natural de nuestro crecimiento y de nuestra vocación transformadora.
Quienes en su momento lanzaron el calificativo de “La Antorcha Mundial” quizá imaginaban que con ello sellaban una condena, hoy, en cambio, ese nombre resuena como una confirmación anticipada. Sí, somos la antorcha mundial.
No porque lo diga un adversario con sorna, sino porque los hechos lo demuestran: hay simpatizantes y militantes que viajan fuera del país para representar a la organización, hay presencia en foros internacionales, hay acuerdos firmados y hay un reconocimiento que trasciende idiomas y geografías. La antorcha no se apaga con burlas; se aviva con trabajo.
Vale la pena preguntarse por qué este fenómeno incomoda tanto a ciertos sectores, la respuesta es sencilla: una organización que crece, que se organiza y que además lleva su mensaje más allá de las fronteras representa una amenaza para quienes han construido su poder sobre la pobreza, la ignorancia y la división del pueblo.
El mote despectivo no era más que un intento desesperado por contener lo incontenible. Y falló.
Hoy, con la confianza que da estar seguros, podemos afirmar sin dudar que aquel político tabasqueño que nos llamó “La Antorcha Mundial” con burla y desdén, hoy recibe de nosotros una respuesta que no necesita insultos ni revanchas.
Le decimos, con la frente en alto, que se le cumplió su deseo, aquí estamos, más firmes que nunca, organizando, educando y politizando al pueblo trabajador de México.
No pudiste con nosotros en tu momento, y todas las adversidades que hemos sorteado no han hecho más que fortalecernos. Cada obstáculo superado nos ha hecho más firmes en nuestro propósito.
La historia juzgará a cada quien por sus obras. A nosotros nos juzgarán por las casas que se construyeron, por las conciencias que se despertaron, por los pueblos que se organizaron y por las fronteras que se cruzaron llevando un mensaje de dignidad.
A otros, en cambio, la historia los recordará por haber intentado ridiculizar lo que no entendían. La antorcha sigue encendida, y su luz, le pese a quien le pese, ya ilumina más allá de México.




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