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#Opinión// Que el pueblo lea, declame y piense

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En la opinión de...
hace 1 hora
6 min de lectura

Por: Pedro Pérez Gómez


Hablar de cultura no debe significar hablar únicamente de grandes teatros, museos o escenarios donde se presentan artistas profesionales. La cultura también está en las escuelas, en las colonias, en las comunidades y en cada espacio donde un niño, un joven o un trabajador encuentra la oportunidad de aprender, expresarse y desarrollar sus capacidades. Por eso, lo vivido en Aguascalientes durante la IV Jornada Nacional de Declamación merece nuestra atención.

El pasado domingo 27 de septiembre, miles de mexicanos participaron en esta jornada cultural que se realizó simultáneamente en los 32 estados del país. En Aguascalientes también tuvimos la oportunidad de vivir este encuentro, donde los participantes hicieron suyo el escenario para dar voz a grandes poetas y demostrar que la poesía puede llegar a sectores que muchas veces permanecen alejados de las actividades culturales.

Lo más importante de una jornada como ésta no está solamente en quién obtiene un reconocimiento o en quién logra una mejor presentación. Lo verdaderamente valioso está en todo el proceso que existe detrás de cada declamador: aprender un poema, comprenderlo, memorizarlo, practicarlo, vencer los nervios y finalmente ponerse frente a un público para transmitir aquello que el poeta quiso expresar.

Quienes estuvimos cerca de esta actividad pudimos observar el esfuerzo de los participantes y la emoción que provoca escuchar un poema cuando quien lo interpreta realmente se apropia de sus palabras. Niños, jóvenes y adultos encontraron en la declamación una manera de expresarse, pero también una oportunidad para acercarse a autores y obras que hablan del amor, de la injusticia, de la naturaleza, de la vida y de los problemas que enfrentan los pueblos.

Entre los autores que fueron recordados durante esta jornada estuvieron José Martí, Nicolás Guillén, Roque Dalton y Otto René Castillo, poetas que pertenecen a distintas generaciones y países de nuestra América, pero que dejaron una obra profundamente relacionada con los sentimientos, las luchas y las aspiraciones de los pueblos. Llevar sus palabras a nuevos públicos significa también mantener viva una parte importante de nuestra cultura.

En Aguascalientes necesitamos precisamente eso: que la cultura salga de los espacios donde tradicionalmente se concentra y llegue a las colonias populares, a las comunidades rurales, a las escuelas y a los lugares donde viven los trabajadores. Hay niños y jóvenes con talento para la poesía, la música, la danza, el teatro y otras disciplinas, pero muchas veces no encuentran un espacio donde puedan descubrirlo y desarrollarlo.

Por eso considero que una jornada cultural no debe terminar cuando se apagan los micrófonos o cuando el último participante abandona el escenario. Debe servir como punto de partida para seguir trabajando. Si descubrimos que un joven tiene interés por la declamación, debemos ayudarlo a continuar preparándose; si un niño demuestra talento para la música, debemos buscar la manera de acercarlo a una formación constante.

Ése es uno de los grandes retos que tenemos en Aguascalientes: pasar de las actividades aisladas a un trabajo cultural permanente. Necesitamos más talleres de poesía, lectura, música, danza y teatro; necesitamos que las escuelas tengan mayores oportunidades para desarrollar actividades artísticas y que las colonias y comunidades cuenten con espacios donde niños y jóvenes puedan reunirse para aprender y practicar.

No se trata solamente de formar artistas. Se trata de formar seres humanos más completos. Un niño que aprende a declamar desarrolla su memoria, pero también aprende a expresarse. Un joven que participa en una obra de teatro aprende a trabajar con otros. Quien estudia música desarrolla disciplina y sensibilidad. Quien lee aprende a conocer otras ideas, otras épocas y otras formas de comprender el mundo.

La cultura también nos ayuda a combatir el individualismo. Cuando un grupo de jóvenes se reúne para preparar una presentación, aprende que el resultado depende del esfuerzo de todos. Cuando una comunidad organiza una actividad cultural, sus integrantes descubren que pueden construir algo juntos. Esa experiencia de cooperación tiene un valor que va mucho más allá del escenario.

Por eso debemos defender que el acceso a la cultura no dependa de la situación económica de una familia. Un niño de una colonia popular tiene el mismo derecho a conocer la poesía, aprender música o participar en una obra de teatro que cualquier otro niño. El lugar donde se nace o el dinero que se tenga en casa no deberían determinar quién puede desarrollar sus capacidades.

Y aquí también tenemos una responsabilidad como sociedad. No podemos esperar que solamente las instituciones resuelvan todo. Las escuelas, las familias, las organizaciones sociales y las propias comunidades podemos impulsar actividades que acerquen a las nuevas generaciones a la cultura. Pero también es necesario que los gobiernos destinen recursos, infraestructura y programas permanentes para que este derecho pueda ejercerse.

En Aguascalientes tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo para que nuestros niños y jóvenes tengan más oportunidades de leer, crear y expresarse. ¿Cuántas colonias cuentan con una biblioteca cercana? ¿Cuántas escuelas tienen talleres permanentes de música, teatro o poesía? ¿Cuántos espacios públicos pueden ser utilizados por los jóvenes para desarrollar actividades culturales? Son preguntas que debemos comenzar a responder si realmente queremos avanzar.

No basta con decir que los jóvenes deben alejarse de los malos hábitos o que deben aprovechar mejor su tiempo. También tenemos que ofrecerles alternativas. Si queremos jóvenes interesados en la lectura, debemos acercarles libros. Si queremos jóvenes que practiquen arte, debemos proporcionarles espacios y maestros. Si queremos que desarrollen sus capacidades, debemos generar las condiciones para que puedan hacerlo.

La experiencia de la IV Jornada Nacional de Declamación demuestra que existe interés. Más de 25 mil mexicanos participaron en todo el país y alrededor de 3 mil declamadores llevaron a los escenarios la obra de grandes poetas. Eso nos dice que cuando se abren espacios de participación, el pueblo responde y demuestra que también quiere acercarse al arte y a la cultura.

Pero debemos aspirar a más. En Aguascalientes necesitamos que cada vez más niños y jóvenes tengan la posibilidad de participar en actividades culturales durante todo el año. Necesitamos construir procesos de formación y no solamente eventos. La diferencia es importante: un evento puede durar unas horas; la formación cultural puede acompañar a una persona durante toda su vida.

También necesitamos recuperar el hábito de la lectura. Leer no debe ser visto como una obligación escolar que termina cuando se presenta un examen. Leer nos permite conocer otras experiencias, ampliar nuestro vocabulario, desarrollar nuestra imaginación y comprender ideas distintas a las nuestras. Un pueblo que lee tiene más herramientas para analizar la realidad que lo rodea.

La declamación cumple una función semejante. No consiste únicamente en aprender un texto de memoria. Quien declama tiene que comprender lo que está diciendo y transmitirlo al público. Tiene que encontrar el tono adecuado, darle sentido a las palabras y lograr que quienes escuchan también sientan aquello que el poema expresa.

Por eso la cultura tiene una dimensión profundamente educativa. Nos ayuda a pensar, pero también a sentir. Nos enseña a reconocer el dolor de otras personas, a valorar la belleza, a conocer nuestra historia y a comprender que los problemas de la sociedad no son asuntos que debamos mirar con indiferencia.

Estoy convencido de que necesitamos una cultura más cercana al pueblo trabajador. Una cultura que no sea privilegio de quienes pueden pagarla, sino un derecho que llegue a las escuelas públicas, a las colonias populares y a las comunidades. Y para conseguirlo necesitamos organización, participación y voluntad para mantener estos esfuerzos durante todo el año.

La jornada que vivimos en Aguascalientes debe dejarnos precisamente esa enseñanza. Los participantes demostraron que hay talento y disposición; ahora corresponde crear más oportunidades para que ese talento no se pierda. No podemos conformarnos con descubrir las capacidades de nuestros niños y jóvenes una vez al año. Tenemos que ayudarlos a desarrollarlas de manera permanente.

Que el pueblo lea, que el pueblo declame y que el pueblo piense. Que nuestros niños conozcan a los grandes poetas, que nuestros jóvenes tengan espacios para expresarse y que nuestros trabajadores también puedan acercarse al arte. Porque una sociedad que aspira a mejorar sus condiciones materiales también debe preocuparse por formar hombres y mujeres cultos, sensibles y capaces de comprender la realidad que los rodea.

La IV Jornada Nacional de Declamación fue un buen ejemplo de lo que podemos conseguir cuando se abren espacios para la participación cultural. Ahora debemos ir más lejos: llevar la poesía a más escuelas, más colonias y más comunidades; organizar talleres permanentes y conseguir que cada vez más personas tengan acceso a los libros, al teatro, a la música y a la danza.

El reto está planteado. Que esta jornada no sea un punto final, sino el comienzo de un trabajo cultural más amplio en Aguascalientes. Porque si queremos un pueblo capaz de transformar su realidad, necesitamos primero un pueblo que tenga las herramientas para conocerla, pensarla y expresarla.


 
 
 

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