#Opinión // "Es la hora de los pueblos": la educación como resistencia
- MonterreyaldĆa
- hace 8 horas
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Por: JosƩ Emilio Soto
Cuando se habla de la crisis educativa en MĆ©xico, el foco suele apuntar al sur del paĆs, donde las cifras de analfabetismo y rezago escolar adquieren dimensiones alarmantes. Sin embargo, reducir este problema a una región es un error que oculta la magnitud real del abandono histórico. Durango, en el norte, es la prueba viviente de que la deuda educativa es un lastre nacional.
Los números no mienten: en Durango, el 24.6 por ciento de la población adulta no ha concluido la educación bÔsica. MÔs de 30 mil personas no saben leer ni escribir, 90 mil 900 no terminaron la primaria y 229 mil 162 no concluyeron la secundaria. DetrÔs de cada cifra hay una historia de exclusión, de oportunidades truncadas y de un Estado que ha sido ausente en las comunidades mÔs necesitadas.
Municipios como Mezquital, Simón BolĆvar, San Juan de Guadalupe y GuanacevĆ concentran los Ćndices mĆ”s altos de analfabetismo, donde la pobreza extrema y la falta de servicios bĆ”sicos perpetĆŗan un cĆrculo vicioso del que parece imposible escapar.
La pandemia, lejos de ser una excusa, fue un revelador implacable. La brecha digital se convirtió en un abismo que dejó a miles de duranguenses sin acceso a las herramientas mĆnimas para aprender. Y es que no saber leer ni escribir no es solo un dĆ©ficit acadĆ©mico; es una condena social: limita el acceso al empleo digno, impide entender documentos oficiales, anula la posibilidad de ejercer derechos y, en definitiva, mantiene a las personas atrapadas en la marginación.
Frente a este panorama desolador, el Estado mexicano ha mostrado una lentitud que raya en la indiferencia. Pero, como ocurre en los momentos mƔs oscuros, la esperanza no viene de arriba, sino de abajo; del pueblo organizado que ha decidido tomar las riendas de su futuro. El Movimiento Antorchista ha impulsado su proyecto educativo, es un ejemplo de que la conciencia y la unidad pueden construir lo que las instituciones niegan.
La reciente graduación de 82 estudiantes de la Secundaria "Federico Engels", de 58 de la primaria "Unión, Fraternidad y Lucha" y de 81 pequeƱos del JardĆn de NiƱos "Profra. Luz del Carmen Ocón Veloz" no es un simple acto protocolario. Es un acto de resistencia.
Es la demostración de que, pese al abandono, hay familias y educadores que se niegan a rendirse. Con el lema "Es la hora de los pueblos", nos recuerda que el poder transformador reside en la organización colectiva, no en las promesas gubernamentales.
El dirigente estatal del Movimiento Antorchista en Durango lo dijo con toda claridad: "Es la hora de los pueblos, pero de los pueblos organizados. De los trabajadores, porque son ellos quienes producen todo lo que existe y quienes deben decidir el rumbo del mundo".
Sus palabras resuenan mĆ”s allĆ” del evento: son un llamado a despertar, a entender que la ignorancia no es un accidente, sino una estrategia de dominación. En su fase final, el imperialismo busca saquear nuestras riquezas y mantenernos sumidos en la oscuridad; la respuesta no puede ser otra que la educación crĆtica y la movilización.
Los jóvenes y niños que hoy reciben su certificado tienen ante sà un deber moral: ser la vanguardia que ilumine el camino. No pueden claudicar ante la injusticia ni vender su intelecto a quienes mantienen a México en la miseria. Su formación no es un privilegio, es un arma de liberación.
Durango enfrenta una deuda educativa que no admite mĆ”s aplazamientos. Pero la solución no vendrĆ” Ćŗnicamente de polĆticas pĆŗblicas insuficientes; vendrĆ” de la conciencia de clase, de la resistencia organizada y de la certeza de que el futuro pertenece a los pueblos que se atreven a construirlo.
Hoy, mañana y siempre, esta es la hora de los pueblos. Que el ejemplo de estas graduaciones sea el primer paso hacia una transformación que no solo alfabetice, sino que despierte conciencias.
