top of page

#Opinión || Recientes lluvias revelan abandono gubernamental

Foto del escritor: En la opinión de...
En la opinión de...
hace 22 horas
3 min de lectura

Por Ramón Rosales Córdova


Las recientes lluvias en Monterrey y su zona metropolitana dejaron algo más que calles inundadas, vehículos varados y viviendas dañadas. Volvieron a mostrar las dificultades que enfrentan diariamente miles de familias para vivir en una ciudad que crece a un ritmo acelerado, pero sin la infraestructura necesaria para atender las necesidades de su población. Lo que en días normales significa pasar horas en el transporte público, recorrer grandes distancias para llegar al trabajo o vivir en colonias con servicios deficientes, durante las lluvias se convierte en un problema todavía más grave. Monterrey es uno de los principales centros industriales del país. Su desarrollo económico atrae inversiones, empresas y nuevos habitantes. Por todas partes aparecen fraccionamientos, parques industriales, plazas comerciales y edificios. Sin embargo, ese crecimiento no ha estado acompañado de una planeación que permita mejorar las condiciones de vida de la mayoría. La ciudad se extiende, las distancias aumentan y los servicios públicos resultan insuficientes. Las lluvias simplemente hacen más evidentes problemas que existen durante todo el año.

Para miles de trabajadores, trasladarse desde municipios como García, El Carmen, Escobedo o Apodaca hasta sus centros de trabajo representa varias horas de camino. Muchos salen de sus casas cuando todavía está oscuro y regresan por la noche. Si llueve, las avenidas se colapsan, algunas rutas de transporte modifican sus recorridos y las paradas, lugar donde esperan, se llenan de personas que esperan durante largos periodos. Llegar tarde puede significar descuentos en el salario directo e indirecto, mientras que no presentarse al trabajo implica perder un ingreso indispensable para sostener a la familia. Los estudiantes enfrentan dificultades semejantes. Hay jóvenes que deben tomar dos o más transportes para llegar a sus escuelas, caminar por calles sin banquetas adecuadas o cruzar avenidas donde el agua se acumula. Los padres tienen que decidir si los envían a clases o si es más seguro mantenerlos en casa. La vivienda es otro de los problemas que las lluvias ponen al descubierto. Durante años se han construido grandes conjuntos habitacionales en terrenos cada vez más alejados, donde las casas se venden antes de que exista infraestructura suficiente. Hay colonias que padecen problemas de drenaje, calles deterioradas y escasos espacios para conducir el agua. Cuando llegan las precipitaciones intensas, las familias deben proteger sus pertenencias, sacar el agua de sus viviendas y buscar recursos para reparar los daños. Un colchón, un refrigerador o una sala pueden representar meses de ahorro para un trabajador. ¿Cómo se explica que una de las regiones más ricas del país tenga tantas dificultades para garantizar condiciones elementales de seguridad y movilidad? La respuesta no está solamente en la cantidad de lluvia que cae, sino en la manera en que se ha organizado el crecimiento de la ciudad. La expansión urbana responde principalmente a las posibilidades de negocio que ofrece la tierra en todo su conjunto.

No estamos ante una situación que pueda atribuirse a un solo gobierno. Durante décadas, administraciones de distintos partidos han permitido que la mancha urbana avance sin resolver sus necesidades fundamentales.

Las obras suelen atender los problemas cuando estos ya afectan a miles de personas, en lugar de prevenirlos mediante una planeación integral. Se amplían vialidades para responder al congestionamiento, pero se sigue construyendo lejos de los centros de trabajo; se reparan daños después de las inundaciones, pero persisten las deficiencias del drenaje pluvial.

La desigualdad también se manifiesta en las consecuencias de estos fenómenos. No enfrenta una inundación de la misma manera quien dispone de ahorros, seguros y una vivienda bien ubicada que una familia que depende de su ingreso semanal. Para esta última, perder sus pertenencias puede significar endeudarse, reducir gastos indispensables o trabajar más horas para recuperar lo perdido. Son los trabajadores, que con su esfuerzo sostienen buena parte de la riqueza de Nuevo León, quienes terminan pagando las consecuencias de un desarrollo del que no reciben beneficios proporcionales. Las familias también necesitan organizarse para exigir estas obras y participar en las decisiones que afectan sus colonias. Esperar a que ocurra otra inundación para volver a plantear los mismos problemas significa aceptar que las pérdidas materiales, los riesgos y las dificultades cotidianas sigan recayendo sobre los mismos sectores. Cuando deje de llover, las avenidas recuperarán su circulación y la ciudad volverá a su ritmo habitual. Los trabajadores seguirán levantándose de madrugada, los estudiantes continuarán recorriendo grandes distancias y miles de familias regresarán a viviendas donde los problemas de infraestructura permanecen. Las lluvias no crearon las dificultades de la metrópoli de Monterrey; solamente dejaron al descubierto las consecuencias de un desarrollo urbanístico que ha crecido para producir riqueza, sin garantizar que esa riqueza se traduzca en mejores condiciones de vida para quienes la sostienen.


Comentarios


Copyright © 2026 Monterreyaldía. Todos los derechos reservados

  • X
  • Facebook Black Round
bottom of page