#Opinión // La peligrosa deuda que nos come a los mexicanos en silencio

Por: Euribiades García
Se han encendido las alarmas en el ámbito económico porque la deuda que actualmente tiene el gobierno de México equivale, prácticamente, a la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, que es lo mismo decir que del total del volumen de riqueza producido en el país por el lapso de un año, la mitad ya la debe el gobierno, pero la pagará el pueblo.
Y no hay para donde hacerse, puesto que lejos de disminuir la deuda, con el paso del tiempo, ésta va creciendo porque al no invertirse los recursos públicos en la generación de más riqueza sino fundamentalmente en el estímulo del consumo, creando, eso sí, la ilusión en la gente de que todo está muy bien porque se están entregando recursos, dinero en metálico y en especie, sin que se detenga a pensar de dónde está saliendo, y no se da cuenta de que lo están endeudando a él y a su familia de por vida, porque el dinero habrá de pagarlo el pueblo que es el que aporta a través de los impuestos el dinero que administran los gobiernos que son los que se endeudan pero no tienen recursos propios para pagar el adeudo contraído.
Desde mi punto de vista, debemos saber los mexicanos con precisión que una deuda es una deuda, común y corriente, no importa si es con el exterior o con el capital financiero interno (nacional), si es de largo plazo o es a corto plazo (llamada también quirografaria); y tiene, por tanto, sea cual sea la modalidad de la misma, las mismas consecuencias para el deudor, en este caso el pueblo porque es quien que tendrá que pagarla. No nos engañemos; la falta de salud, ya no de calidad, sino siquiera atención y medicamentos disponibles y a buen precio; la falta de vivienda para las familias, la falta de pavimentaciones, de energía eléctrica en las comunidades apartadas, el agua potable, los drenajes, la educación a todos los niveles y con una calidad decorosa que no nos haga pasar vergüenzas internacionales y sirva para que el país tenga técnico y científicos que le procuren una independencia tecnológica, alimentaria y científica frente a la potencia imperial de la que dependemos casi al 100% hasta para poder comer tortilla porque nos vende el maíz que necesitamos; ya no se diga la falta de empleos para todos los mexicanos, los salarios verdaderamente remuneradores, no son más que consecuencia de una política económica fincada en la satisfacción de los intereses de la clase dominante, no de los de las grandes masas trabajadoras y empobrecidas. Y esto depende, del sistema económico social en el que vivimos, el cual explica la forma de funcionar de las cosas, y por eso la solución verdadera está en su reemplazo por otro más justo y equitativo. Es necesario parar el endeudamiento si no queremos depender tanto de los acreedores, pero no a costa del sufrimiento de las masas, sino procurando un desarrollo más científico y planificado acorde con el avance de la tecnología y las nuevas fuerzas productivas que necesariamente llevará a una organización superior de la sociedad, la cual busque, ante todo, la satisfacción de las necesidades de la población por encima de la acumulación y concentración irracional de la riqueza en unas cuantas manos, que está haciendo crisis en la actualidad y nos costará a todos.




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