#Opinión // Es tiempo de reflexionar sobre la política actual
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Por: Noel González Jiménez
El inicio de este siglo estuvo marcado por un huracán de cambios políticos, el PRI, partido en el poder, gobernó nuestra nación por 71 años consecutivos (1929-2000). En su tiempo de gobierno no se pueden negar los avances en la construcción de un país de instituciones, sin embargo, la desconexión con sus principios, la corrupción, la desigualdad creciente fue erosionando su credibilidad y con ello la confianza que en ese partido tenía el pueblo.
Este descontento y hartazgo social fue capitalizado en las elecciones del año 2000 por el entonces candidato a la presidencia de la república, Vicente Fox Quesada, del Partido Acción Nacional (PAN), bajo los slogans de “Cambio verdadero” o “Cambio, YA”. Fox logró lo que muchos consideraban imposible, quitarle el poder al PRI.
Este cambio de color en el poder federal, en lo general, no representó un cambio radical, cambiaron los nombres algunas secretarias y programas, pero siguió la misma realidad del pueblo, salvo la creación del Seguro Popular, impulsada por Fox y apoyada por el entonces secretario de salud Julio Frenk Mora, sistema que funcionó también en el sexenio de Flipe Calderón, quien también salido del PAN, incluso en el sexenio del expresidente Peña Nieto del PRI.
Con la salida del PRI, la llegada del PAN y el regreso del PRI, la realidad de los mexicanos no cambió, los ricos se hacían más ricos y los pobres seguían viviendo en pobreza, miles sin servicios básicos, sin salud, sin educación, sin comida.
En ese contexto emergió con fuerza la figura de Andrés Manuel López Obrador, político tabasqueño que venía de ser jefe de gobierno en el entonces Distrito Federal (del 5 de diciembre de 2000 al 29 de julio de 2005) y tras dos derrotas electorales, logró capitalizar ese descontento en la elección del 2018. En su discurso se presentaba como el portavoz del pueblo, como la solución a todos los males de nuestro país. Su campaña estuvo marcada por un número considerable de promesas “mágicas” que llegó a la conciencia de millones de electores.
Entre las promesas más destacadas se puede mencionar el acabar con la corrupción, regresar el ejército a los cuarteles, reducir el precio de la gasolina a un precio accesible, el construir un sistema de salud igual al de Dinamarca, el abasto al cien por ciento de los medicamentos. Todo esto sonaba muy bien en los oídos de quienes por años habían sido ignorados, por primera vez un político hablaba de soluciones a los males nacionales y ponía al pueblo como su prioridad.
El tiempo paso y la distancia entre las promesas y la realidad se volvieron evidentes. Aunque el discurso oficial insistía en presentar otros datos, la realidad de los mexicanos no cambio, es más, en lo que va de los gobiernos morenistas las cosas, como el sistema de salud, empeoraron.
En cuestión de seguridad también hay mucho que decir, nuestro país se ha convertido en un cementerio por todos lados, miles de desaparecidos, estados en manos de organizaciones criminales, marchas por la paz casi todos los días, y las autoridades echando culpas, en luchar de asumir con total responsabilidad su tarea.
El sexenio obradorista nos dejó obras consideradas faraónicas, como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), inaugurado el 21 de marzo de 2022, y que hasta la fecha sigue generando críticas y perdidas por no operar con toda su capacidad, lo mismo que el Tren Maya, el Tren Interoceánico (accidentado recientemente) y la refinería de “Dos Bocas”, que hace unos días sufrió un incendio donde perdieron la vida cinco personas. Todo esto le costó y le está costando miles de millones al pueblo, quienes ya se preguntan si fue correcto lo que el expresidente hizo.
En fin, vamos por el segundo periodo de gobierno del partido morena, y es tiempo de reflexionar sobre el rumbo al que está llevando al país, su política de repartir dinero como remedio para combatir la pobreza sigue sin funcionar y, ésta carga financiera la tendrá que pagar el pueblo, pues la deuda externa se duplicó de pasar de 10.5 billones de pesos al cierre del periodo de Peña Nieto a más de 17 billones de pesos al cierre del sexenio de López Obrador.
En este contexto es fundamental que todos los mexicanos hagamos un acto de conciencia. Debemos entender que, si queremos que las cosas cambien, el pueblo debe tomar acción en el proceso, debemos dejar atrás la idea de que un hombre o una sola mujer van a poder cambiar el orden de las cosas, por muy buenas intenciones que tengan, eso no va a ocurrir.
Desde mi punto de vista, lo bueno del sexenio de Obrador fue que nos permitió entender y comprobar, aunque algo tarde, lo que no se debe hacer. El cambio verdadero no se construye con discursos populistas, sino con políticas públicas eficaces, instituciones sólidas y, sin duda, con la participación activa de la ciudadanía organizada y bien informada.
Estamos en la antesala de un proceso electoral, una oportunidad más para tomar la mejor decisión y para eso es necesario que reflexionemos sobre la política actual, sobre el desempeño de quienes hoy gobiernan, de cómo atienden los problemas nacionales, de la importancia que le dan a la formación integral de cada mexicano. No caigamos en discursos mágicos, pues la historia ya demostró que eso no funciona.




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