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#Chihuahua // Desnutrición golpea a Hidalgo del Parral: al menos 120 casos al año evidencian abandono institucional

  • Foto del escritor: Monterreyaldía
    Monterreyaldía
  • hace 6 horas
  • 2 Min. de lectura

Parral, Chih.– En Parral, la desnutrición no es una estadística menor ni un problema aislado: es el rostro más crudo de la pobreza y del abandono gubernamental. Cada mes, el programa municipal Médico Cerca de Ti detecta al menos diez casos de niñas, niños y adultos mayores que presentan cuadros de mala alimentación o descuido severo, de acuerdo con datos oficiales de la propia autoridad local.


La cifra equivale, como mínimo, a 120 personas al año que requieren atención urgente por no contar con algo tan básico como comida suficiente y cuidados elementales. Detrás de cada número hay familias sin ingresos estables, viviendas sin acceso regular a servicios de salud y comunidades enteras, incluidos pueblos originarios, que sobreviven en condiciones de marginación

histórica.


El titular del programa, Jorge Luis Terrazas, informó que los casos se identifican mediante visitas domiciliarias y son canalizados al DIF Municipal. Sin embargo, la constante aparición de nuevos pacientes deja en evidencia que la estrategia es reactiva: se atiende la emergencia cuando el daño ya está presente, pero no se previenen las causas de fondo.


En menores, la desnutrición está ligada a dietas precarias y carencia de alimentos nutritivos; en adultos mayores, al abandono y la falta de redes de apoyo. Ambas situaciones revelan lo mismo: hogares que no pueden sostener una alimentación digna porque viven atrapados en la pobreza.


El problema no se limita a colonias periféricas. Los propios reportes municipales reconocen que hay casos en distintos puntos de la ciudad, incluso en zonas céntricas. Pero la situación se agrava en asentamientos y comunidades indígenas, donde el acceso a servicios médicos, programas alimentarios y seguimiento institucional es irregular o insuficiente.


Que cada mes se detecten nuevos cuadros de desnutrición debería encender alarmas en todas las dependencias de salud y asistencia social. No se trata sólo de repartir despensas o canalizar pacientes, sino de garantizar políticas públicas permanentes que combatan la desigualdad, fortalezcan la atención preventiva y aseguren el derecho básico a la alimentación.


Porque cuando un niño o un anciano presenta desnutrición, no es únicamente una falla familiar: es una falla del Estado.


Mientras las autoridades presuman programas de cercanía, la realidad en los hogares más pobres demuestra que la ayuda sigue llegando tarde. Y en temas de salud y alimentación, llegar tarde también es una forma de abandono.


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