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#Aguascalientes // Cuando trabajar no significa tener tiempo para vivir

Foto del escritor: Monterreyaldía
Monterreyaldía
hace 1 hora
7 min de lectura

*Las largas jornadas, los bajos ingresos y los extensos traslados están consumiendo el tiempo de los trabajadores, señala Emilio Rubén Rosas Nieto, vocero estatal del Movimiento Antorchista*


Aguascalientes, Ags. Para millones de trabajadores, tener un empleo no significa necesariamente tener una vida con tiempo suficiente para convivir con la familia, descansar, estudiar y participar en la comunidad. En Aguascalientes, las largas jornadas laborales, los bajos salarios y las distancias cada vez mayores entre las zonas habitacionales y los centros de trabajo han convertido el tiempo en una carga más que recae sobre quienes viven de su trabajo.


Emilio Rubén Rosas Nieto, vocero estatal del Movimiento Antorchista en Aguascalientes, señaló que este problema no debe presentarse como una incapacidad individual de los trabajadores para organizar sus horarios. Por el contrario, explicó que la falta de tiempo es consecuencia de las condiciones económicas y sociales en las que millones de personas tienen que desarrollar su vida para obtener los recursos necesarios para sobrevivir.


Para una familia trabajadora, el día comienza mucho antes de que inicie formalmente la jornada laboral. Hay quienes deben levantarse de madrugada para trasladarse hasta una fábrica, una oficina, un comercio o cualquier otro centro de trabajo y quienes, después de cumplir con su jornada, todavía deben pasar largos periodos en el transporte para regresar a casa. Así, las horas que una persona entrega para poder obtener un salario son mucho mayores que las que permanece físicamente dentro de su centro laboral.


“Al trabajador se le dice que debe aprovechar mejor su tiempo, como si él fuera responsable de que el día no le alcance. Pero ¿cómo puede organizar mejor sus horas una persona que tiene que salir de madrugada, trabajar toda la jornada y regresar de noche a su casa? El problema no está en que el trabajador no sepa administrar su tiempo, sino en las condiciones en que está obligado a vender su fuerza de trabajo”, sostuvo Rosas Nieto.


El planteamiento tiene una implicación política importante: el trabajador no dispone libremente de todo su tiempo. Una parte considerable está determinada por la necesidad de obtener un ingreso. Cuando los salarios son insuficientes y los empleos cercanos son escasos, la posibilidad de elegir dónde trabajar disminuye y aumenta la necesidad de aceptar las condiciones disponibles.


A esto se suma la manera en que han crecido las ciudades. Los centros industriales y comerciales se concentran en determinadas zonas, mientras las familias trabajadoras son enviadas cada vez más lejos de sus centros laborales debido al costo de la vivienda y del suelo. De esta manera, el trabajador paga dos veces por su empleo: primero con las horas que entrega durante la jornada y después con el tiempo y el dinero que debe gastar para llegar hasta el lugar donde trabaja.


El problema tampoco termina cuando el trabajador llega a su casa. Después de una jornada laboral todavía debe atender las necesidades de su familia, preparar alimentos, realizar tareas domésticas, ayudar a los hijos, resolver pendientes y descansar lo suficiente para volver al día siguiente a trabajar.


“Cuando un trabajador llega a su casa después de pasar buena parte del día entre el trabajo y el transporte, ya llega cansado. Muchas veces quiere convivir con sus hijos, ayudarlos con la escuela o simplemente sentarse a platicar con su familia, pero el cansancio y la falta de tiempo terminan imponiéndose. No podemos decir que esto es culpa del trabajador; es una consecuencia de la forma en que está organizada su vida”, señaló el vocero antorchista.


Esta situación tiene consecuencias que van más allá de la convivencia familiar. También limita las posibilidades de que los trabajadores estudien, lean, se preparen y comprendan las causas de los problemas que enfrentan. Una persona que dedica gran parte del día al trabajo y al traslado dispone de pocas horas para su formación y para participar en actividades colectivas.


Y este aspecto es particularmente importante, porque un trabajador no solamente necesita recibir un salario. También necesita desarrollar sus capacidades, conocer la realidad en la que vive y participar en las decisiones que afectan a su comunidad. La educación y la formación política no pueden reducirse a quienes tienen suficiente tiempo libre; deben ser posibilidades accesibles también para quienes viven de su trabajo.


Rosas Nieto sostuvo que esta falta de tiempo tiene una relación directa con la explotación del trabajador, pues no solamente se consume su capacidad física y mental durante la jornada, sino que las condiciones necesarias para conservar el empleo terminan absorbiendo una parte considerable del resto de su vida.


“El trabajador no solamente entrega las horas que permanece dentro de la fábrica o del centro laboral. También entrega las horas que necesita para trasladarse, recuperarse y prepararse para volver al trabajo. Por eso debemos preguntarnos cuánto tiempo de su vida puede dedicar realmente a su familia, a su educación y a organizarse con otros trabajadores”, afirmó.


El problema también revela una contradicción del modelo de desarrollo. Mientras se habla de crecimiento económico, nuevas inversiones, parques industriales y expansión urbana, pocas veces se calcula cuánto tiempo pierden diariamente los trabajadores para sostener ese crecimiento.


Las horas de traslado no aparecen como una pérdida dentro de las cifras de producción, pero sí representan tiempo de vida que desaparece para las familias. Un trabajador que pasa dos o tres horas diarias trasladándose acumula cientos de horas al año que no puede dedicar a sus hijos, a sus estudios, al descanso o a la participación social.


Por eso, el desarrollo urbano y el desarrollo económico no pueden discutirse por separado. La ubicación de las viviendas, los centros laborales, las rutas de transporte, las escuelas y los servicios determina una parte importante de la vida cotidiana de la población.


Para el Movimiento Antorchista, el gobierno tiene la responsabilidad de planear las ciudades tomando en cuenta las necesidades de quienes las habitan y trabajan en ellas. No basta con construir nuevos fraccionamientos si estos se encuentran alejados de las fuentes de empleo y carecen de transporte eficiente y accesible. Tampoco basta con anunciar nuevas inversiones si los empleos generados no permiten a las familias vivir dignamente.


“Una política verdaderamente dirigida al bienestar de los trabajadores tendría que preguntarse dónde viven, dónde trabajan, cuánto ganan, cuánto gastan para trasladarse y cuánto tiempo pierden diariamente. No podemos hablar de desarrollo si una persona tiene que entregar prácticamente todo su día para conservar un empleo que apenas le permite cubrir sus necesidades”, planteó Rosas Nieto.


La discusión tampoco puede reducirse a pedir más rutas de transporte. El problema es más profundo. Se trata de cuestionar las condiciones que obligan a los trabajadores a recorrer grandes distancias, aceptar empleos alejados de sus hogares y dedicar una parte excesiva de su vida a obtener los recursos indispensables para vivir.


El tiempo, en este sentido, también es una cuestión de clase. Quien tiene recursos económicos puede vivir cerca de su trabajo, utilizar un vehículo particular, pagar servicios que le ahorren tiempo o contratar ayuda para determinadas actividades. Quien depende exclusivamente de su salario tiene muchas menos posibilidades de hacerlo y debe ajustar su vida a las condiciones que le impone su ingreso.


Por eso, cuando se habla de la falta de tiempo de los trabajadores no debe culpárseles por no estudiar, por no convivir suficientemente con sus hijos o por no participar en la vida comunitaria. Primero debe preguntarse qué condiciones les impiden hacerlo.


El Movimiento Antorchista sostiene que los trabajadores necesitan mejores condiciones materiales para poder desarrollar plenamente su vida. Esto implica empleos suficientes y salarios que permitan satisfacer las necesidades de una familia, pero también ciudades mejor planeadas, transporte accesible, vivienda cercana a las fuentes de empleo, servicios públicos eficientes y condiciones que permitan recuperar parte del tiempo que actualmente se pierde en los traslados.


Rosas Nieto señaló que recuperar el tiempo de los trabajadores también debe formar parte de la lucha por una vida más digna.


“Queremos que el trabajador tenga tiempo para sus hijos, para su esposa o esposo, para descansar, para estudiar, para leer y para organizarse. No queremos que toda su vida se reduzca a trabajar para sobrevivir y dormir para volver a trabajar. El ser humano necesita desarrollarse en todos los aspectos, y eso requiere tiempo”, afirmó.


La organización de los trabajadores adquiere aquí un significado fundamental. Si cada persona enfrenta individualmente los mismos problemas, puede parecer que se trata de dificultades personales: que alguien vive demasiado lejos, que otro gana poco, que otro no tiene tiempo para estudiar o que alguien más no puede convivir con sus hijos.


Pero cuando esas condiciones se repiten entre miles de trabajadores, dejan de ser problemas individuales y se convierten en problemas sociales y políticos.


En Aguascalientes, miles de personas enfrentan diariamente largas jornadas, traslados prolongados y dificultades para satisfacer las necesidades de sus familias. No se trata de casos aislados, sino de una realidad relacionada con la forma en que se distribuyen el trabajo, los salarios, la vivienda, los servicios y las oportunidades.


Por eso, para el Movimiento Antorchista, los trabajadores deben comprender las causas de estos problemas y organizarse para defender colectivamente sus intereses. La organización permite pasar de la queja individual a la exigencia colectiva y convertir las necesidades de las familias trabajadoras en asuntos que deben ser atendidos por las autoridades.


El desarrollo de Aguascalientes no puede medirse únicamente por el número de empresas que llegan, las inversiones anunciadas o los kilómetros de nuevas vialidades. También debe medirse por las condiciones en que viven quienes hacen posible ese desarrollo.


Si un trabajador pasa gran parte de su día trabajando y otra parte importante trasladándose, si llega a casa agotado y apenas tiene tiempo para convivir con sus hijos, estudiar o participar en su comunidad, entonces existe una contradicción que debe discutirse.


“El trabajador produce la riqueza, pero muchas veces no tiene el tiempo suficiente para disfrutar de la vida que esa riqueza debería ayudar a construir. Por eso tenemos que cambiar la discusión: no debemos pedirle al trabajador que se adapte a una vida cada vez más pesada, sino exigir condiciones que le permitan recuperar el tiempo que hoy pierde para poder sobrevivir”, concluyó Rosas Nieto.


El problema, entonces, no es cómo administrar mejor las pocas horas que le quedan al trabajador después de cumplir con sus obligaciones. La cuestión política es por qué esas horas son cada vez menos y quién carga con el costo de esa situación.


Trabajar debería permitir vivir, no consumir prácticamente toda la vida. Por ello, el Movimiento Antorchista plantea que mejorar las condiciones del pueblo trabajador exige discutir no solamente salarios y empleos, sino también vivienda, transporte, servicios, planeación urbana y, sobre todo, el derecho de los trabajadores a disponer de tiempo para su familia, para su formación y para participar en la transformación de la sociedad.


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