Por: Pedro Martìnez Coronilla Cada año, tras los destellos efímeros de las fiestas decembrinas, se habla de la famosa “cuesta de enero”. Se la presenta como un bache temporal, un resacón financiero tras el gasto festivo. Sin embargo, mirar el fenómeno como un problema de administración personal o de un mes malo es un error de diagnóstico profundo. La información actualizada para 2026, lejos de mostrar mejorías, confirma que lo que vivimos no es una cuesta, sino un abismo perm