Por Ramón Rosales Córdova Arranca 2026 y, como cada inicio de año, el calendario no avanza solo: empuja. Empuja a la clase trabajadora a enfrentar una vez más la llamada cuesta de enero, ese eufemismo que pretende suavizar la dura realidad, salarios que no alcanzan, precios que no esperan y un discurso oficial que insiste en la paciencia mientras el bolsillo exige sacrificios inmediatos. ¿Cuántas veces más vamos a normalizar que el inicio del año sea una prueba de resistencia