Por: José Emilio Soto México es un país que duele en silencio. Mientras desde las tribunas oficiales se nos repite que “todo va bien” y que la economía avanza hacia la prosperidad compartida, millones de mexicanos madrugan cada día para subirse a transportes abarrotados, cumplir jornadas extenuantes y regresar a hogares donde el agua potable sigue siendo un lujo. La pobreza en México no es un accidente estadístico ni un fenómeno natural. Es el resultado de decisiones política